Salvo excepciones determinadas por el azar, como los golpes de suerte, todo lo que vale la pena en la vida implica un proceso de construcción. Las acciones diarias son las que terminan configurando resultados satisfactorios. Lo mismo sucede con el desarrollo mental de los bebés.

Según explica el médico pediatra Diego Montes de Oca, “si bien cada ser humano nace con una herencia genética y esta es importante, no me cabe duda que su forma de actuar, sentir y vincularse depende en gran medida de su interacción con su madre, padre y sus vivencias en los primeros tiempos de su vida”.

En ese sentido, Montes de Oca señala que “un buen desarrollo mental es aquel que permite que el niño pueda cumplir con todo su potencial genético y logre generar sus propios recursos”, que se mide a través de cuatro áreas de habilidades clave: